17 mar. 2014

El derecho a la educación

Mi hijo empezó las clases hace una semana y media. Si, las clases empezaron. Pero aun hay chicos que siguen sin asistir al colegio. Porque, como cada año, cada febrero-marzo se repite la misma historia. Porque el Estado se acuerda de llamar a paritarias una semana antes del inicio del ciclo lectivo. Y no se ponen de acuerdo. Y ofrecen a los maestros un aumento que no cubre ni la mitad de la inflación. Y no aceptan. Las clases no empiezan, los maestros acuden al derecho a huelga. Derecho legítimo, por supuesto, pero que deja a cientos de chicos sin clase y el clara desventaja con los que tienen la suerte de ir a un colegio privado.

Pero, ¿por qué? Si la educación es derecho de todos, ¿por qué para recibirla hay que pagar para no tener la mitad de los días de clases que en realidad corresponden?

Soy una hija de la escuela pública. Me eduqué en ella desde el jardín de infantes hasta la universidad. Si, la universidad. De no ser por la UBA no hubiera podido hacer una carrera. Pagar una universidad privada nunca estuvo a mi alcance. Por eso, mi deseo siempre fue que mis hijos también fueran a la escuela pública. Hoy dudo que así sea.

Por el momento el más grande está en un jardín público. El jardín del barrio. Que, por suerte no es del estado nacional, sino del municipio y por eso no hace paro. Pero, ¿que pasará cuando empiece el colegio?

Quienes van a colegio privado cuentan con una clara ventaja. En los colegios públicos no hay inglés ni computación  y, además de eso, ¡no hay clases!

¿Quien tiene la culpa de que estas cosas pasen? Muchos piensan que los maestros piden mucho. Los gobernantes también creen que piden mucho, mientras ellos tienen los bolsillos llenos. Y los maestros tienen que bancarse a treinta pibes insoportables niños y ¡ni hablar de las jardineras! Estuve una semana dentro de salita amarilla porque mi hijo no se quería quedar y fui testigo del quilombo griterío que hay en una sala de tres los primeros días, de verdad no se como soportaba la maestra, yo creo que todos los días debía salir con un dolor de cabeza intenso.

Y algunos lo pasan peor. Lidian con chicos rebeldes o con padres que se enojan con las maestras porque le ponen una mala nota a su hijo en vez de retar a su hijo por no estudiar. Lidian con la inseguridad por enseñar en colegios marginales de barrios inseguros. Lidian con aulas frías, húmedas, sin calefacción, con goteras. Con niños que llegan al colegio con hambre, sin útiles o quien sabe cuantos problemas familiares. Lidian con la falta de materiales, de libros. Recorren kilómetros de campo a caballo o en bicicleta. Enfrentan una odisea para llegar al trabajo un día de lluvia. ¿Y piden demasiado?

Claro, ¿por qué no buscar otro modo de protesta? Los niños no tienen la culpa, el paro nunca es una buena solución. Pero no podemos culparlos, es algo que está muy instalado en nuestra sociedad. Si nos joden a nosotros, protestamos jodiendo a los demás. Hacemos paros, piquetes, quemamos basura, cortamos una autopista un lunes a las 8 de la mañana. Así, como los colectivos nos dejaron sin la posibilidad de volver al casa el viernes porque asesinaron a un chófer.

El derecho a huelga es legítimo, pero ¿que pasa cuando entra en conflicto con otro derecho legítimo? Acá el derecho a huelga confronta el derecho a la educación. Y el derecho de una persona acaba donde empieza el derecho de la otra.

Tal vez sea momento de buscar otro modo de protesta.


Una Bruja y sus dos Sapitos, Actualizado en: 8:00
Escrito por: Vanesa Villarreal


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